Monseñor Abraham Luis Paula Ramírez y la IACA: identidad católica, tradición y comunión

Mons. Abraham Luis Paula Ramírez, en una celebración del tiempo de Navidad.

La figura de Monseñor Abraham Luis Paula Ramírez, obispo de la Iglesia Antigua Católica y Apostólica (IACA), se sitúa en un horizonte eclesial marcado por la fidelidad a la fe católica, la continuidad con la tradición apostólica y una espiritualidad centrada en la Eucaristía, la oración y la vida cristiana. Su itinerario personal y ministerial, que transcurre entre Cuba, Guatemala y España, manifiesta una vocación que maduró progresivamente en profundidad doctrinal y entrega pastoral.

Raíces formativas y sensibilidad eclesial  

Nacido en Cienfuegos (Cuba), Abraham Luis Paula Ramírez se formó inicialmente en el campo de la música y las humanidades, obteniendo reconocimientos nacionales por su excelencia académica y compromiso con la cultura. Posteriormente, completó estudios universitarios superiores en Educación, con especialización en música y se desempeñó como pedagogo en proyectos artísticos de alcance social. Su experiencia en Guatemala, como coordinador de arte en zonas rurales y promotor de iniciativas para la infancia, reflejó desde el inicio una sensibilidad por los más vulnerables, a la luz de una búsqueda espiritual en crecimiento.

La vocación sacerdotal de Abraham Luis Paula Ramírez, presente desde sus primeros años, se desarrolló de forma gradual en paralelo a su vida profesional y artística, y encontró una dirección más definida tras cursar estudios superiores en Biblia, teología sistemática, historia de la Iglesia, estudios ministeriales y misiones, en el marco de un programa con acreditación teológica reconocida. Posteriormente, cursó formación en acompañamiento espiritual y, de modo complementario, realizó estudios especializados en catequesis, liturgia y pedagogía catecumenal. Colaboró además con iniciativas de estudio bíblico pastoralmente orientadas en el ámbito latinoamericano.

Durante una etapa inicial en España, estuvo vinculado pastoralmente a una comunidad de tradición anglo-católica, donde ejerció como diácono con especial dedicación al servicio litúrgico, musical y pastoral. En 2018, recibió la ordenación sacerdotal dentro de una línea de sucesión apostólica históricamente documentada, reconocida como válida por diversas Iglesias de la tradición occidental y oriental.

Desde entonces, ha observado fielmente la disciplina clerical propia de la Iglesia latina (cf. CIC can. 277 §1). En su ministerio, ha desarrollado una acción constante en los ámbitos litúrgico y doctrinal, promoviendo una vivencia sacramental enraizada en la tradición católica y centrada en la celebración eucarística. Esta trayectoria ha estado marcada por una creciente orientación hacia formas concretas de comunión eclesial, en continuidad con la enseñanza apostólica y con una explícita disposición al servicio del pueblo de Dios, en adhesión plena a la fe transmitida por la Iglesia.

Transición y fidelidad: hacia una configuración pastoral estable

Luego de varios años de ejercicio ministerial en España, desarrolló su labor presbiteral en la ciudad de Sevilla. Allí fue consolidándose en él un deseo explícito de plena incorporación a la Iglesia Católica Romana. Esta orientación, nacida de una honda sintonía doctrinal, litúrgica y espiritual, tomó forma concreta en 2019 con el inicio de un proceso formal en la ciudad de Madrid, bajo el acompañamiento de responsables diocesanos y sostenido por un compromiso pastoral continuo.

Durante esa etapa, colaboró activamente como animador litúrgico en la vida de una parroquia. Finalmente, por razones ajenas a su voluntad y sin que mediara objeción doctrinal ni disciplinaria, el proceso no pudo ser concluido.

En este contexto, y movido por un sentido de fidelidad al ministerio recibido, fue configurándose un ámbito estable de vida sacramental y oración litúrgica, que con el tiempo ha sido reconocido pastoralmente como Iglesia Antigua Católica y Apostólica (IACA). Esta realidad se ha desarrollado como un espacio pastoral abierto, donde confluyen personas de distintas procedencias eclesiales — católicos, ortodoxos, anglicanos y otros cristianos comprometidos — , así como creyentes que, sin abandonar sus comunidades de origen, participan por convicción espiritual en la celebración de la fe, la escucha de la Palabra y la vida litúrgica, acompañados en su camino por el servicio ministerial del obispo.

En su configuración concreta, esta comunidad expresa una forma de ecumenismo cristiano confesional: una apertura fraterna fundada en el respeto a las identidades eclesiales y en la fidelidad compartida al depósito de la fe, con una orientación espiritual clara hacia la unidad visible del Cuerpo de Cristo (cf. Catecismo, n. 820).

Consagración episcopal y vocación de unidad

Desde los primeros siglos, la Iglesia ha reconocido que el ministerio episcopal nace de una necesidad pastoral concreta: el obispo es principio visible de comunión, garante de la sucesión apostólica y servidor de la plenitud sacramental (cf. San Ignacio de Antioquía, Ad Smyrn. 8,2). En circunstancias ordinarias, este ministerio se confiere dentro de las estructuras canónicas estables; sin embargo, la historia eclesial muestra que, cuando la comunión estructural se ha visto impedida por causas no imputables a quien ha sido llamado, la transmisión del orden episcopal ha podido mantenerse válidamente en contextos excepcionales, siempre que se preserve la fe católica, la intención sacramental y la apertura a la unidad (cf. Lumen Gentium 21; CIC can. 1008–1009).

Es desde este horizonte pastoral y eclesiológico que se comprende el ministerio episcopal de Abraham Luis Paula Ramírez, recibido en el año 2020 mediante el rito latino tradicional, dentro de una línea sucesoria históricamente reconocida en el ámbito católico occidental. Más adelante, en 2022, por motivos de conciencia pastoral y con el deseo de manifestar de manera pública e inequívoca su adhesión plena a la fe apostólica profesada por la Iglesia, recibió sub conditione una segunda consagración episcopal conforme al Pontifical Romano tradicional.

Dicha celebración incluyó la profesión de fe niceno-constantinopolitana, el juramento de fidelidad al magisterio y la proclamación de comunión espiritual con el Sucesor de Pedro, en conformidad con la doctrina de la Iglesia sobre la sacramentalidad del orden episcopal y la sucesión apostólica (cf. Lumen Gentium 21; CIC can. 375 §1).

En 2023, recibió también la sucesión episcopal en la tradición ortodoxa, mediante la imposición de manos en el contexto de la liturgia bizantina, como signo de apertura ecuménica y continuidad sacramental con la herencia oriental. Este gesto, asumido sin ruptura con la ordenación ya conferida en la tradición latina, expresa la comunión sacramental de su ministerio con las dos grandes herencias apostólicas de Oriente y Occidente.

La convergencia en un único ministerio episcopal de sucesiones apostólicas orientales y occidentales, válidamente conferidas según los elementos esenciales del orden — forma, materia, intención y sucesión (cf. CIC can. 1008–1009) — , constituye una realidad sacramental objetivamente verificable que se ejerce dentro de la ortodoxia doctrinal y conforme a la continuidad apostólica reconocida por la enseñanza de la Iglesia.

La IACA: expresión católica de una comunidad viva

La Iglesia Antigua Católica y Apostólica ha tomado forma como una comunidad de adoración y vida sacramental, surgida de un camino pastoral concreto y orientada por la fidelidad a la Tradición católica en su expresión litúrgica, doctrinal y espiritual. Su identidad se articula en torno a la celebración de la Eucaristía, la enseñanza del Evangelio y el testimonio de la fe, conforme a los ritos propios de la Iglesia latina y al principio formulado por San Vicente de Lerins: “quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est”.

En su desarrollo teológico y litúrgico, la IACA mantiene una clara continuidad con la doctrina definida por los concilios ecuménicos, la centralidad de los sacramentos y el valor vinculante del magisterio eclesial. Sus textos públicos y praxis pastoral no contienen elementos doctrinales contrarios al Catechismus Catholicae Ecclesiae, ni pácticas rituales que comprometan la validez de sus celebraciones sacramentales (cf. CIC can. 841).

La celebración litúrgica en esta comunidad se realiza habitualmente según el rito tradicional romano, preservando su estructura y símbolos, pero adaptado a la lengua española. Esta práctica expresa una continuidad respetuosa con la tradición litúrgica de la Iglesia, sin absolutizaciones ni posturas excluyentes. Se ha documentado que, en diversas circunstancias pastorales, Mons. Abraham Luis Paula ha presidido también celebraciones según la forma ordinaria del rito romano, lo que permite advertir una sensibilidad litúrgica atenta a la realidad de los fieles y una comprensión integradora de las formas reconocidas por la tradición viva de la Iglesia.

La referencia al ministerio petrino como signo de unidad visible está presente en esta comunidad como parte del horizonte espiritual y doctrinal que comparten quienes participan de su vida litúrgica. Esta apertura se sostiene en una comprensión eclesiológica según la cual la catolicidad se expresa allí donde se custodia la sucesión apostólica, se profesa íntegramente la fe y se celebran válidamente los sacramentos (cf. Lumen Gentium 14; Dominus Iesus 17).

En este contexto, Monseñor Abraham Luis Paula ejerce su ministerio pastoral en la ciudad de Madrid, donde celebra la Eucaristía, administra los sacramentos y acompaña un espacio de vida cristiana centrado en la oración y la enseñanza de la fe. Su actividad episcopal se ha caracterizado por una labor doctrinal sistemática, estructurada sobre la Sagrada Escritura, la patrística y el magisterio eclesial. Mediante homilías, estudios y reflexiones pastorales, ha desarrollado una exposición ordenada del depósito de la fe (cf. 1 Tim 6,20), con atención tanto a su conservación íntegra como a su expresión comprensible en el contexto actual.

Sobre la naturaleza eclesial de la comunidad

La validez de la sucesión apostólica, la celebración reverente de los sacramentos según los ritos de la Iglesia latina, la fidelidad integral a la enseñanza recibida y la referencia explícita al ministerio del Obispo de Roma como signo de comunión universal constituyen los pilares que configuran la identidad eclesial del ámbito pastoral en el que ejerce su ministerio Mons. Abraham Luis Paula Ramírez.

En esta realidad, no se identifican desviaciones doctrinales, ni innovaciones litúrgicas ajenas a la tradición, ni dinámicas internas que puedan ser interpretadas como exclusivismo eclesial o afirmación autárquica. Se trata de una comunidad que vive la fe en fidelidad a los criterios católicos de sacramentalidad, tradición y apertura al diálogo, conforme al horizonte eclesiológico identificado por el Concilio Vaticano II (cf. Unitatis Redintegratio 3; CIC can. 844 §3).

Desde esta configuración objetiva, su existencia se sitúa dentro de los márgenes doctrinales y sacramentales que el discernimiento eclesial ha reconocido como portadores de comunión real, incluso fuera de las estructuras plenamente integradas (cf. Dominus Iesus 17).

Conclusión: una presencia católica discreta

A la luz de las declaraciones públicas y del modo en que se ha ido consolidando este espacio pastoral, puede afirmarse que la IACA no se plantea como una estructura destinada a perpetuarse por sí misma, sino como un servicio espiritual surgido de una necesidad concreta, al servicio de la fe católica, del ejercicio sacramental legítimo y de la adoración. Su existencia aparece íntimamente vinculada al ministerio de quien la preside, y su continuidad se comprende únicamente en la medida en que mantenga su orientación al bien espiritual de quienes participan libremente de su vida litúrgica.

Nota:
El presente artículo ha sido elaborado a partir de declaraciones públicas de la Iglesia Antigua Católica y Apostólica (IACA), así como de testimonios recabados en distintos foros y plataformas de libre acceso. Su contenido refleja un análisis sintético de hechos verificables, orientado a ofrecer una visión documentada y equilibrada de la configuración eclesial y ministerial que aquí se presenta.

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